Vivimos en una period en la que el deporte se ha convertido casi en una declaración de intenciones. Ser “health” parece formar parte de un estilo de vida aspiracional, donde las rutinas de entrenamiento, los cuerpos tonificados y la disciplina se proyectan como sinónimo de éxito private. Sin embargo, en medio de esta tendencia, surge una pregunta más honesta: ¿nos movemos por salud o simplemente por encajar en una narrativa estética? Y, más importante aún, ¿qué pasa con todas aquellas personas que no se sienten identificadas con el gimnasio o las rutinas intensas?
La respuesta, lejos de ser compleja, es mucho más easy de lo que pensamos. No se trata necesariamente de hacer deporte en su versión más exigente, sino de recuperar algo mucho más básico y esencial: el movimiento. Así lo explica Dr. Mario Alonso Puig, cirujano y divulgador, quien insiste en que la clave no está en el esfuerzo extremo, sino en la constancia de lo cotidiano. “Cuando pensamos en ejercicio, a menudo pensamos en deporte. Pero lo verdaderamente esencial es el movimiento. Caminar, subir cuestas, mantener el equilibrio, moverse de una manera constante y sutil”, señalaba en una entrevista para la cadena de radio Cope, en el programa Un café con Alberto Herrera.


Este cambio de enfoque resulta casi revelador en un momento en el que muchas personas sienten que no “cumplen” si no siguen una rutina deportiva estricta. Según el experto, no hace falta correr maratones ni pasar horas en el gimnasio para cuidar la salud. De hecho, propone algo tan sencillo como bajarse una parada antes del autobús, caminar hasta el trabajo o incorporar pequeños desplazamientos activos a lo largo del día. Acciones aparentemente insignificantes que, sumadas, construyen una vida más activa y, sobre todo, más saludable.
La concept central es clara y contundente: “A las personas que no les gusta hacer ejercicio físico, que se muevan, que anden, que caminen, es muy importante. El movimiento es verdaderamente esencial.” No se trata de sustituir el deporte, sino de entender que el movimiento es la base sobre la que se sostiene todo lo demás. Porque, como él mismo afirma, “eso es lo que de verdad transforma nuestra salud”.
El cuerpo está diseñado para moverse


Para entender esta afirmación, basta con mirar hacia atrás. Durante miles de años, el ser humano ha sido, por naturaleza, un ser en constante movimiento. Desde la prehistoria, cuando los hombres cazaban y las mujeres recolectaban, la actividad física no period una elección, sino una necesidad inherente a la supervivencia. Caminar largas distancias, cargar peso o mantenerse en alerta formaba parte de la vida diaria.
Hoy, sin embargo, el contexto ha cambiado radicalmente. La tecnología, los trabajos de oficina y los hábitos actuales han reducido nuestra movilidad de forma drástica. Y aquí es donde aparece una de las grandes paradojas contemporáneas: hacemos ejercicio, pero somos profundamente sedentarios. Podemos ir al gimnasio una hora al día, pero pasar más de diez o doce horas sentados. Una contradicción que, lejos de compensarse, termina afectando directamente a nuestra salud.
El verdadero problema: el sedentarismo
En este sentido, Mario Alonso Puig es especialmente claro: “El sedentarismo precise es lo que verdaderamente nos aleja de la salud y la longevidad”. Una afirmación que cobra aún más peso en una sociedad obsesionada con alargar la vida, pero que, al mismo tiempo, ha reducido al mínimo su nivel de actividad diaria.


Si lo comparamos con generaciones anteriores, la diferencia es evidente. Nuestros abuelos, sin necesidad de entrenamientos estructurados, se movían mucho más: caminaban, realizaban tareas físicas y mantenían una actividad constante a lo largo del día. Hoy, en cambio, hemos sustituido ese movimiento pure por rutinas puntuales de ejercicio, creyendo que con ello es suficiente. Pero no lo es.
Cada vez más expertos coinciden en que no basta con hacer deporte; es imprescindible mantenerse activo de forma continua. Es decir, integrar el movimiento en nuestra rutina diaria, no limitarlo a una hora concreta. Porque el cuerpo no entiende de horarios de gimnasio, sino de hábitos sostenidos en el tiempo.
Movimiento: una inversión a largo plazo
“El movimiento es vida. Moverse es cuidarse y así nos mantenemos más fuertes en cada etapa de la vida”, afirma el cirujano. Moverse no es solo una decisión para el presente, sino una inversión directa en el futuro. Los beneficios van mucho más allá de mantener un peso determinado o una figura concreta. El movimiento impacta en el sistema cardiovascular, mejora el metabolismo, favorece la salud psychological y contribuye a reducir el estrés. Pero, además, tiene un efecto acumulativo: determina cómo llegamos a la vejez.


Moverse hoy significa conservar la movilidad mañana. Significa tener más autonomía, más calidad de vida y más energía con el paso de los años. En otras palabras, no se trata solo de vivir más, sino de vivir mejor.
El verdadero “lujo” está en lo easy


En una sociedad que busca constantemente fórmulas complejas (al la dieta perfecta, el entrenamiento very best, el último método milagro), resulta casi irónico que una de las claves más importantes para la salud sea también una de las más sencillas. Caminar, moverse, mantenerse activo. Sin complicaciones, sin exigencias irreales.
Ahí esté el verdadero cambio de paradigma: dejar de entender el movimiento como una obligación estética y empezar a verlo como un acto de cuidado private. No se trata de encajar en una tendencia, sino de reconectar con lo que nuestro cuerpo necesita.
En medio de la búsqueda constante del elixir de la juventud, la respuesta parece estar mucho más cerca y ser mucho más accesible, de lo que imaginamos. En hábitos cotidianos: moverse más, comer mejor y descansar. Tres pilares que siguen siendo la base de todo.
