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Viparita Karani: la postura de yoga más fácil que ayuda a reducir el estrés y la ansiedad


Sandra Hernández

En un mundo que corre demasiado, encontrar un respiro de verdad —de los que desconectan del mundanal ruido del exterior— es casi un lujo. Entre mil soluciones complejas, hay una postura de yoga que no necesita ni mallas caras, ni fuerza, ni haber pisado un estudio en la vida: Viparita Karani. O, más sencillo: tumbarse con las piernas en alto, un gesto que hasta los médicos recomiendan. Suena tan easy que dan ganas de dudar, pero ahí está el truco. Es como esos pequeños gestos cotidianos que son tan simples como efectivos y por eso nos gustan.

Para quien nunca ha hecho yoga, la clave no está la postura perfecta, sino en sentirse a gusto. Lo explica Esperanza Sánchez, instructora en David Lloyd Turó, que recomienda usar una pared o una silla si hace falta, algo que podemos encontrar en casa. «El objetivo de esta postura es calmar el sistema nervioso, así que es elementary que el cuerpo perciba seguridad desde el inicio», comenta. Entrar en esta postura es fácil: te pones de lado en posición fetal, pegas los glúteos a la pared y, con un giro suave, subes las piernas. Sin más.

A partir de ahí, tú mandas. Si notas la espalda rígida o la tripa tensa, sepárate un poco de la pared o ponte un cojín firme bajo la pelvis. Ese ajuste, cube la experta, libera la zona lumbar y quita presión interna. También va bien un apoyo en la cabeza si el cuello se queja (típico de estar todo el día al ordenador). No estamos aquí para sufrir, sino para descansar y lo que es más importante desconectar en serio.

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La salida, aunque parezca un detalle, importa y mucho. «Doblar las rodillas hacia el pecho, quedarse unos segundos en ese abrazo y girar después hacia un lado antes de incorporarse permite que el sistema nervioso integre el cambio sin sobresaltos», apunta Sánchez. En sus sesiones insiste en esto: las transiciones y la respiración no son un trámite, son el entrenamiento actual para que el cuerpo aprenda a salir del estado de alerta.

¿Por qué funciona? Hay ciencia detrás. Al elevar las piernas, la sangre vuelve mejor al corazón y el pecho descansa, lo que activa unos sensores de presión que le dicen al cerebro: «relájate». Entra en juego el sistema parasimpático, el corazón baja revoluciones y el cortisol cae. Básicamente, el cuerpo entiende que, por fin, puede bajar la guardia.

Como toque ultimate, Esperanza propone algo muy de casa: taparse con una manta. «Ese pequeño peso genera una sensación de protección que el sistema nervioso interpreta como seguridad», explica. Parece una tontería, pero con el estrés que llevamos encima, recuperar ese refugio de cinco minutos puede cambiarte el día. La próxima vez que sientas que no puedes más, recuerda que la solución está ahí mismo, a los pies de cualquier pared.



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